¡Complot para asesinar la democracia!
Cuando un carro expulsa monóxido de carbono y este gas es respirado por alguien en un recinto que no tiene ventilación, su efecto es mortal, la persona se va durmiendo apaciblemente, por eso se le llama la “muerte dulce”. Si la mayoría de colombianos sigue creyendo que aquí todo va muy bien, que los aciertos gubernamentales eliminan de la realidad la gran cantidad de fallas y despropósitos, la democracia colombiana tendrá su muerte dulce”. Este criterio lo hallé en el periódico La Patria de la ciudad de Manizales. A Colombia el gobierno la están envenenando poco a poco con esa serie de situaciones que buscan legalizar la estadía de Uribe en el poder con una altísima dosis de inmoralidad y corrupción. La imposición de intereses personales sobre los generales no para. Ya hay muchos quienes consideran que en el país ya no hay democracia real, es virtual, es solo cuento.
Poco a poco obedeciendo a un plan muy estructurado y financiado, se avanza a una frustrarte dictadura de extrema derecha. La prensa y los periodistas de Bogotá, son en buen número un grupo de serviles a una causa que no quieren ver ni mostrar, pero que está arropada con abundante dinero. El elemento base para la defensa de los derechos sociales, el periodismo. Hoy no es la sobra de lo que eran hace 7 años cuando se confrontaba y analizaba la información. Hoy son simples cajas de repercusión de cuanta estupidez o mentira quieran decir los funcionarios de turno. Las dos caras de la moneda no se muestran. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) denunció que en los últimos seis meses en Colombia persistieron las amenazas dirigidas contra periodistas y medidos de comunicación que son renuentes a entregarse a la recua de los infamantes comunicadores comprados con dinero por el gobierno para convertir la verdad en mentira y la mentira en verdad.
Hay serias afirmaciones que el gobierno y el congreso están de espaldas al país, a la democracia. "En los últimos tres meses del año pasado el país perdió 413 mil puestos de trabajo, tres por minuto, debido a la desaceleración de la economía, pero al gobierno y al Congreso eso no les merece atención", solo piensan todo el tiempo en hacer trapisondas y torcidos para conseguir la reelección. Están inmersos el comportamiento más antidemocrático que jamás haya existido en el país: Ir acomodando la legislación a las necesidades políticas de una determinada élite que se consideran dioses terrenales. “Da vergüenza el nivel tan bajo e insustancial del debate político de las mayorías en el congreso. Solo servilismo grosero y nauseabundo que busca proteger intereses propios”.
Hace poco los congresistas uribistas señalaban que el referendo de la reelección había que aprobarlo porque era “la expresión más directa de la democracia, del querer del pueblo”. Eso es verdad por lo que sorprende que los mismos, al llegarles a sus manos el Referendo del Agua digan junto con el gobierno que no se puede aprobar porque no les conviene, no les aconsejable, que el agua potable no es un derecho fundamental y que la constitución así lo contempla…” No se respeta y se califica la voluntad popular de los más de dos millones de firmas que respaldaron la iniciativa, como la propuesta de antisociales. “La democracia muere lentamente, la están asesinando desde el gobierno y la coalición mayoritaria”. La voluntad popular la tuercen y acomodan en la más roñosa de las formas anti democráticas. En la Cámara de Representantes la iniciativa quedó congelada en la Comisión Primera. Voluntad de un puñado de personas.
Mi propuesta como persona que razona lo mismo que sintieron comunero santandereano, el l6 de marzo de 1781, es adelantar una campaña a todo nivel popular para reclamar a Álvaro Uribe, sus ministros y congresistas de la coalición mayoritaria no acribillar la democracia Colombia. Respetar la voluntad popular en igualdad de condiciones. Como Colombia está encerrada y rodearlas de monóxido de carbono, pido a los comuneros actuar para abrir puertas y ventanas y dejarle entrar oxigeno a la Patria. Los comuneros 2009 tenemos que actuar sin miedo y con respeto por nuestros valores políticos y morales, como lo hicieron los salvadoreños y los norteamericanos. Los comuneros de Colombia tenemos que salir por millones a defender lo único que nos queda, esta democracia agonizante. Humillada y entumecida. Reclamar y protestar cívicamente por atropellos político/gubernamentales no es criminal; lo delictivo es atropellar y asesinar como lo están haciendo quienes, falsamente, posan de salvadores de Colombia.

