En la cocina de la vecina
Un nuevo rechazo a las pretensiones del presidente, Álvaro Uribe Vélez, de interferir en las determinaciones del Poder Judicial, fue hecho público por la Corte Suprema de Justicia. El mandatario ha pretendido cercenar la autonomía de la justicia en múltiples ocasiones cuando a través de discursos políticos busca decirles qué deben o no hacer en sus fallos o investigaciones. No se han salvado las Cortes, los Fiscales o los Jueces en sus diferentes estratificaciones del afán frustrado del mandatario: "manejar desde la casa de Nariño a su voluntad los tres poderes". Es un abuso de talla mayor. Es un atentado monstruoso contra la democracia. Es meterse en la cocina de la vecina para obligarla a qué y cómo debe prepararle la comida y lavarle los calzoncillos a su marido. Mientras tanto, las cosas que les corresponde hacer a él, mandan mal, según sus propios amigos.
Las determinaciones de un magistrado, juez o de un fiscal no son ni pueden ser las alocadas carreras del presidente en un helicóptero por el país. No es llegar de un momento a otro a entregar una olla vacía y una frazada de lana virgen en clima caliente. Hacerle tres preguntas a los damnificados y salir corriendo con la oferta, que nunca será realidad, de que él, solo él le solucionará los problemas del presente y del futuro. Uribe no desconoce que los jueces tienen normas y procedimientos de los que no se pueden salir, so pena de terminar en la cárcel. Además, la persona que está al banquillo dispone de un abogado defensor que normalmente no permanecen callados y a quien poco le importa los criterios judiciales del Presidente. No es posible tomar una determinación porque al señor presidente, Álvaro Uribe, mando a decir. Es un espejismo, es una mentira para engañar bobos
El presidente vuelve sobre su eje falso. Pretender pararse en los hombros de los demás para sobresalir, dar la impresión, entre los ignorantes e ingenuos, (montoneras que ni entienden ni piensan), que Colombia es su finca particular y él la puede manejar como se le da la gana. Desde el momento en que sus amigos parapolíticos cayeron en manos de la justicia la obsesión es creciente. Para el señor, Álvaro Uribe, es imposible que el Poder Judicial no se haya agachado ante su vanidad infinita y abriga la esperanza de que algún día llegara la ocasión en que él determinará en discursos político público, qué debe hacer la justicia en cada caso. Ejemplo: sacar a sus amigos parapolíticos libres de toda culpa, indemnizarlos y condenar a la máxima pena a los opositores con pruebas o sin ellas.
Mientras todo esto ocurre escuchamos que "la guerra va muy bien pero la economía muy mal". Otro tanto dicen en la plaza pública, en los inicios de la campaña presidencial, sus ex ministros de agricultura y Relaciones Exteriores. !Esto no sirve! No es que solo se trate de un problema internacional, lo grave radica que ha habido abandono y las soluciones aplicadas no son las adecuadas. El gobierno no estaba capacitado para enfrentar una recesión como la de hoy. Se había cañado con el cuento que "Colombia estaba blindada contra los efectos...", pero el crecimiento del desempleo demostró que era falso. Por la ausencia total de mantenimiento de las carreteras, cualquier aguacero las destruye y en los ríos a falta de canalización o drenaje se desbordan. El 15% de los niños menores de 5 años en Colombia sufren desnutrición crónica y el país ocupa el cuarto lugar en mortalidad materna por ausencia de atención adecuada, etc.
Lo anterior, que aparentemente no tiene relación con los fiscales, jueces y magistrados, son para probar que el presidente, Álvaro Uribe, tiene mucho que hacer, no está desocupado. Se trata de problemas sociales más urgentes que salga o no a una codena contra un delincuente. Sus discursos contra los jueces ni aceleran ni atrasan los expedientes. Atrasan el país. Indudablemente que Uribe lo haría mejor si se dedica a sus obligaciones y deja que los demás hagan lo propio. Desde este blog no cesaremos de defender la independencia de poderes. ¡La democracia! ¡Señor Uribe! ¡No pretenda meterse a manejar la cocina vecina, mientras sus ollas se queman! ¡Los jueces no funcionan emocionalmente!

