Acción sistemática, selectiva y estructurada
“El problema de fondo que existe en Colombia es que nadie tiene por qué ser asesinado o perseguido por el hecho de ser sindicalista”. Se trata de una actividad ajustada a las leyes y normas vigentes y que si no ha alcanzado el desarrollo de otros países se debe a las sistemáticas y criminales persecuciones infringidas en el siglo 20 y lo que llevamos del 21. Al no encontrar soporte real entre los congresistas colombianos, lo encontraron en el congreso de los Estados Unidos. “Antes de darle el visto bueno al Tratado de Libre Comercio y de que entre en vigor, las bancadas del Partido Demócrata exigen que las autoridades colombianas garanticen efectivamente la protección de los sindicalistas en este país andino”. Los políticos norteamericanos no entienden de cifras del pasado, las prefieren de proyecciones al futuro que garantice una posición adecuada dentro del conceso nacional. ¿Por eso serán la potencia por excelencia en el mundo?
Las exigencias del sindicalismo norteamericano a través de sus congresistas han generado un pulso entre los sindicalistas y el gobierno colombianos. Es el ejercicio legítimo de la democracia auténtica. Uribe asegura que bajo su mandato los crímenes contra los sindicalistas bajaron de 250 a menos de 50 al año y que las autoridades les dan protección a 1.748 dirigentes que han recibido amenazas. “Pese a que el número de crímenes y amenazas ha disminuido en estos seis años y medio de gobierno de Uribe, la violencia contra los sindicalistas continúa, pero las autoridades alegan que no todos los crímenes de sindicalistas han sido por su pertenencia a una asociación de trabajadores”. Las centrales obreras agregan que “Nosotros antes éramos 1 millón y medio de afiliados y hoy somos 450.000, hay una política de exterminio contra los sindicalistas. Muy grave la estigmatización que ha tenido el movimiento sindical en este país. Dentro de la sociedad colombiana se ha arraigado la idea de que los sindicalistas acaban con las empresas, eso es falso, simplemente son afirmaciones parte de la campaña de violencia y exterminio”.
Otra gran verdad, contraria a lo que sucede en los países desarrollados radica en la práctica odiosa de la “exclusión política. La estructura del Estado Colombiano mantiene lejos al movimiento sindical. La exclusión es tal que el gobierno quiere entregarle la seguridad del sindicalismo a la empresa privada y evadir de esta forma su responsabilidad constitucional imperativa. De nadie es un secreto que en Colombia la violencia contra el trabajador organizado es "sistemática, selectiva y estructurada" y por eso la seguridad al sindicalista no puede ser improvisada o limitada al pago de unos guardaespaldas ocasionales. “Es una propuesta clara del interés del gobierno por deshacerse de un problema que le compete y no la toma para si como si desarrolla amplias y generosas políticas de seguridad para otros sectores como el político y los poderes económicos nacionales y extranjeros”. Dentro del gobierno Uribe han tenido más seguridad y garantías los paramilitares que los dirigentes sindicales.
El dirigente sindical estadounidense, John J. Sewwney, presidente de la American Federation of Labor and Congress of Industrial Organizations (AFL-CIO), uno de los más influyentes en el congreso norteamericano, cree que las permanentes declaraciones del mandatario, Álvaro Uribe, contra el movimiento social “deslegitiman y ponen en peligro a sus colegas colombianos”. Son embestidas e insinuaciones con alto contenido de odio que otros las interpretan como “ordenes veladas”. Son parte de la acción sistemática, selectiva y estructurada contra el sindicalismo, aseguran quienes tienen que vivir en el mundo sindical. Todos tienen derecho a la defensa cuando son agredidos, así que cuando el sindicalismo y movimiento social no la halla dentro de las fronteras nacionales, apelan al exterior. “El problema sindical colombiano ha creado sentimientos en un importante sector de sindicalistas de Estados Unidos, cuya voz es tenida en cuenta en el Congreso de su país”. Sienten la problemática y la reconocen como propia.

