Comisionado para secuestrar los periodistas
Lo ocurrido el domingo en el aeropuerto de Villavicencio es una de las más grotescas páginas de la historia del periodismo nacional. Por orden del gobierno y ejecutada por el "Alto Comisionado de la Paz" los comunicadores de Colombia fueron llevados a un corral que se había dispuesto para ellos. Como mulas fueron entrando una a una y dejando los fardos que traían a cuestas. Me refiero a los pesados y valiosos equipos de transmisión para el caso de la radio y la televisión. Entre esos informadores había un grupo menor de personas venidas del exterior quienes ansiosos esperaban que llegara el momento para comunicar a sus auditorios la liberación de tres policías y un soldado profesional secuestrados por las Farc. ¡Todo fue humillante control y vigilancia gubernamental!
Las horas pasaron en vigilia informativa. Lo más importante que dijeron se lo escuchamos a un presentador/reportero de Caracol TV. Decía insistentemente que el comisionado de paz estaba en una saloncito del aeropuerto con militares tomando tinto, en otra ocasión afirmó que el comisionado de paz ya no estaba tomando tinto, se había levantado para ir al baño. En fin, era una fijación mental a convertir a ese señor en noticia. En una ocasión, el comisionado, no aguantó más por salir por la televisión entonces hizo presencia para informar que su presencia en el lugar solo obedecía a "la orden de coordinación de los periodistas". En el momento nadie comprendió que quería decir, pero comenzaron las dudas. El tedio comenzó a invadir a los comunicadores mientras se ratificaba la orden: "Los periodistas no podían hablar con los liberados" ¡Humillante posición! La libertad de prensa estaba en el sitio destinado imperativamente por el gobierno y de allí no saldría.
Llegó la noche y con ella los liberados. Hubo movimiento entre el corral de los periodistas. Con toda la rigidez del mundo, con policías y tropa uniformada y de civil, se puso en marcha la orden inflexible de controlar a los periodistas: "Impedir que los liberados hablaran con los periodistas". Uno de neolibre trató de acercarse al redil de los periodistas, pero en forma inmediata fueron retirados por unos extraños personajes que vestían camisa azul. Hubo, en otras palabras, la más cruel interferencia a la libertad de prensa. Todos los periodistas quedaron burlados, carilargos, suplicantes y convertidos en muñecos de burla del gobierno. Los liberados fueron reembarcados. Después de media noche e instruidos adecuadamente por los altos mandos militares y policiales, les permitieron contacto con un grupo de comunicadores de confianza y seleccionados para la ocasión por el gobierno.
El mismo funcionario pretendió repetir la historia dos días después cuando apareció con todo el poder en sus manos y el propósito de encerar a los comunicadores. En la terminal aéreo de Villavicencio surgió de nuevo la orden de encorralar a los periodistas, limitarlos e impedirles su labor abierta. Era determinación gubernamental que solo pudieran comunicar lo que él les iría a entregar en declaraciones y boletines. El rescate del ex gobernador del Meta no podía ser motivo de mérito de quienes lo hicieron. Pero, algo ocurrió. Por órdenes perentorias, el Comisionado debía regresar a Bogotá y el Comandante de la Policía lo reemplazaría. A regañadientes y furioso acató la orden. Después, con un rostro de júbilo y satisfacción, una presentadora del noticiero Caracol dijo que había renunciado.
Sin la presencia el "comisionado para Obstaculizar a los Periodistas" la prensa, radio y televisión presentaron sus noticias compitiendo el uno con el otro para demostrar quien lo podía hacer mejor. Unos se salieron del corral a otros les dio temor. Sin ninguna traba visible, Alan Jara, retumbó por el mundo. La frase que más impactó llegó a los medios internacionales sin maquillaje: "Uribe no colaboró para el rescate...La senadora Piedad Córdoba fue la figura". En esto de la encerrona los periodistas también son culpables los mismos periodistas al tolerarlas y no dar el grito al cielo de Libertad para la prensa que estaba siendo secuestrada.

