Hay otras responsabilidades
Siempre hemos sostenido que la labor del congreso, las asambleas y concejos municipales no se puede cuantificar por el volumen de normas que sean aprobadas. Una corporación como la Cámara de Representantes es buena solo por la calidad de las leyes que apruebe. En otras palabras, por el beneficio general que se desprenda de esa normatividad. Es mala así haya aprobado mil leyes, estas disposiciones solo benefician a pocos o una determinada persona y perjudican o desconocen a muchos. Solo un proyecto, el presupuesto para la vigencia del 2009, ha sido aprobado de 22 que radicó el gobierno al inicio de sesiones el 20 de julio.
Un parlamentario es bueno cuando trabaja para que sus regiones tengan desarrollo y lo consiga utilizando para ello todas las armas legales que la democracia le suministra, que esté en contacto con sus electores y los acate. Un parlamentario es malo cuando solo va a devengar un salario mensual y exclusivamente a obedecer órdenes de la Casa de Nariño, aprobar leyes sin ni siquiera leer los proyectos o sin importarle las necesidades básicas de sus electores. Es malo cuando solo espera que por esa labor de esclavitud moderna, les den cargos públicos, contratos o dádivas a sus familiares y amigos.
La semana que acaba de pasar un grupo de ministros lloriqueaban ante los medios de comunicación porque al contrario de períodos legislativos anteriores las cosas no van sobre rieles. Hubo momentos en que los representantes a la cámara que reclamaron para sus regiones desarrollo integral y equitativo fueron calificados de “filibusteros”. De la misma forma, para ejercer presión indebida sobre la Cámara de Representantes, en donde tienen la facultad constitucional de aprobar o improbar los proyectos según su parecer, su labor fue calificada negativamente.
Siempre he entendido que “cabildero” es una o varias personas enviadas por quienes se pueden beneficiar de una norma, para que a base de ofertas, regalos, regalos, donativos y presentes, conseguir la aprobación de una norma.
El presidente Uribe ante el comportamiento autónomo de la Cámara de Representantes, dijo que a su gobierno no le queda otra opción que convertir a los ministros en cabilderos de sus proyectos de ley estancados. Le ordenó “más solidaridad de cuerpo y un diálogo más fluido con los representantes" para impulsar el trámite de proyectos de interés para el Ejecutivo. ¿Logará el cabildeo que en pocos días la Cámara le aprueben las leyes de interés para el gobierno de Uribe? ¿Cuál será el costo para el Estado/gobierno para que se venga en los últimos días de sesiones una avalancha de aprobaciones?
Los medios de comunicación más influyentes del país han señalado que “La falta de un mensaje del Gobierno sobre sí le interesa la segunda reelección, se convirtió en la excusa para que el Congreso haya trabajado a media marcha… Uribe no ha tenido la claridad diáfana como dice que actúa su gobierno y todos los temas de interés personal o puntual los lleva a dos aguas… Los líos que tuvo el Ministro del Interior por el proceso que enfrenta su hermano y los choques con las cortes, le quitaron tiempo para empujar el trabajo legislativo… El desprecio de Uribe por la opinión de los representantes hizo aflorar el plan tortuga…” Como se ve, el congreso no solo es el responsable de la ausencia en cantidad, de los proyectos aprobados del 20 de julio a la fecha.






