Vuelven las disquisiciones sin fin
Las barreras de comunicación que existen entre las Farc, el gobierno y el pueblo colombiano no son naturales. Se trata de artificios inventados por los sectores en conflicto para tratar de justificar su proceder perverso. No se trata de cosas difíciles de remover como lo sería una montaña, un río o un mar. Solo se requiere un poco de buena voluntad y sincero deseo de encontrar puntos de entendimiento para ponerle fin a situaciones tan escabrosas como el secuestro, violación del internacional humanitario y el narcotráfico que desdibujaron a la guerrilla totalmente. Son los tres males más grandes que tiene el país en la actualidad. Hoy se habla de “diálogos epistolares por internet” para “comenzar” a remover diferencias, pero, lo importante no es que comiencen, sino que terminen. Que la propuesta no se pierda en el tiempo y la distancia.
Un grupo de 70 personas entre “intelectuales”, políticos, juristas y en transe de popularidad, le enviaron un mensaje al cabecilla mayor de las Farc pidiéndole abrirse al diálogo en procura de liberar a los secuestrados y acordar la paz. El hombre les respondió. “Participaremos de cara al pueblo en un diálogo con amplitud y franqueza, sin dogmatismos, sin sectarismos y sin descalificaciones sobre los temas que sugieren". Ante la soledad y desgreño en que se encuentran las Farc, proponen que “es necesario esforzarnos en procurar la vinculación de la mayor cantidad posible de organizaciones políticas y sociales y de personas independientes…” De la misma forma responden que "Muy respetuosamente sugerimos para reforzar este nuevo emprendimiento tener en cuenta la manifiesta disposición de la gran mayoría de presidentes latinoamericanos para contribuir con sus esfuerzos en el proceso de intercambio humanitario y paz".
Como una de las cosas que pide la guerrilla para hacerle el "favor" a los colombianos de no secuestrarlos y pisotearles sus derechos humanos es una tener una posición de “amplitud y franqueza, sin dogmatismos, sin sectarismos”, pongo en duda que detrás de todo pueda haber buenas intenciones. En pasados gobiernos, como los de los conservadores Belisario Betancourt (1982-1986) y Andrés Pastrana (1998-2002), esa organización accedió a dialogar de paz en procesos que fueron utilizados para tomar aire, recuperarse, crecer, rearmarse, reentrenarse y volver al ataque con mayor sevicia y descaro. Además el pueblo de Colombia masivamente ya ha dado su veredicto sobre el que no pueden pasar nadie: “fin a la industria del secuestro” el peor mal que afecta a los colombianos seguido del narcotráfico.
Los medios de comunicación internacional han publicado: “Mermadas, desmoralizadas y corrompidas por el narcotráfico, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ofrecieron el martes negociar una solución pacífica a la guerra, que libran hace más de 40 años…” Teniendo en cuenta que todo lo que se haga en búsqueda y consolidación de la paz es bueno, nos identificamos con la posibilidad, pero igualmente no nos alejamos del derecho a la duda en la sinceridad de las Farc. No creo que para liberar a los secuestrados, primer problema social de los colombianos, se requiera de interminables análisis, estudios sociológicos, estrategias y disquisiciones sin fin. Como todo diálogo normal tiene que tener un prinicipio y un fin, lìmite en el tiempo y la distancia.

