Los hechos pesan más que las palabras
En muchas ocasiones el presidente, Álvaro Uribe, ha dicho públicamente que en Colombia se habían acabado los paramilitares. Hasta hace poco los foros internacionales eran los más aprovechados para hacer esta afirmación. Entre los organismos en donde hizo la aserción estuvo la OEA, pero parece que allí no le creyeron. “La Organización de Estados Americanos (OEA) advirtió sobre el reclutamiento de jóvenes en Colombia por bandas paramilitares que se han creado con apoyo del narcotráfico en este país sudamericano”. Los paramilitares en Colombia, muy a pesar de las afirmaciones su presidente, están vivos y actuantes. Ocurre como con los vendedores ambulantes y estacionarios, corren unos y llegan los otros.
En informe ampliamente difundido por estos días el organismo multilateral precisó que “las llamadas bandas emergentes están reclutando jóvenes en las comunas (barrios) de Medellín y sectores de los norteños departamentos de Cesar y Magdalena, “territorios en disputa de las nuevas estructuras”. La OEA advirtió sobre el rearme de al menos 22 grupos paramilitares, en cerca de 10 de los 32 departamentos del país, tras la desmovilización en 2004 de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), la cual inicial y presuntamente combatía a la guerrilla, pero que evolucionaron al narcotráfico. La misión de la OEA ha verificado como hecho importante el asesinato de varios antiguos integrantes de las AUC que se negaron a integrar las bandas emergentes en el noroeste del país.
Las zonas donde los nuevos paramilitares, alejados del supuesto propósito de perseguir a la guerrillas, ejercen mayor presión sobre los jóvenes para reclutarlos son en Urabá, barrios marginales de la ciudad de Medellín y los departamentos de Cesar y Magdalena. Antes de que lo enviaran a los Estados Unidos, Salvatore Mancuso, había advertido que muchas facciones de grupos paramilitares que había entregado sus armas en el proceso de “Justicia y Paz”, se estaban rearmando. En otras palabras, no son gentes nuevas ni organizaciones criminales diferentes. Queda por demostrar el apoyo o tolerancia del Estado hacia esas gentes en su renacimiento, apoyo que no se ha dado por descontado al menos en forma indirecta, mientras la fiscalía investiga situaciones concretas de militares y policías ofreciéndoles respaldo.
Hay algunos lugares en las comunas de Medellín, donde el para militarismo es tema preocupante, flota en el ambiente. La Seguridad Democrática hacia estos sectores no ha tenido la misma efectividad lograda hacia otros criminales como la guerrilla. En los límites con Panamá la gente no ve un futuro muy despejado. De lo que no cabe la menor duda que es verdad, es el resurgimiento de las bandas paramilitares así el presidente diga que se acabaron. Esa peligrosa infección social sigue acusando estragos. Lo rotulan los hechos que pesan y valen más que las palabras.
