Los indígenas buscan justicia
1.200 indígenas colombianos han sido asesinados desde agosto de 2002 hasta la fecha informó, que denunció 'la más absoluta impunidad' de estos crímenes la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic). La semana anterior otro dirigente indígena fue asesinado en el Cauca por sicarios que se movilizaban en moto y lo sorprendieron en una vivienda del Barrio La Conquista de Popayán. Las noticias de este miércoles revelan la muerte violenta de tres más. “Todos los casos permanecen en la más absoluta impunidad. Detrás de todo aparece que las personas sacrificadas tenían vínculos de una u otra forma con movimientos de recuperación de tierras. Las cosas que suceden causan desconcierto y repugnancia. Las denuncias que buscan recordarle al Estado Colombiano de proteger a todos y cada uno de los ciudadanos sin exigencias de condición económica y social, han caído en el vacío.
Argumenta la ONG que “Los aborígenes no nos vamos a quedar llorando el genocidio y la complicidad o incapacidad del Estado colombiano para hallar a los responsables. Llevaremos nuestros muertos a la Corte (Penal) Internacional”. La forma como lo dicen a los medio de comunicación dejan entender que no se van parar a pensar si molestan o no a los gobernantes. Por encima de ellos y de quienes se atreviesen, pero sin la violencia de que son víctimas llegarán hasta La haya. “Posiblemente nuestros mandatarios por estar en la politiquería barata no se han dado cuenta que dentro del pueblo indígena hay gente más preparada que ellos, particularmente en el área del derecho nacional e internacional. ¿Será que la solución de los problemas que vive Colombia llega exterminando las etnias que durante milenios han estado en las diferentes regiones de la Patria?
“…cerca de mil 200 indígenas han sido masacrados durante el Gobierno de la Seguridad Democrática (política eje del Ejecutivo de Uribe)… se trata de crímenes que tipifican el genocidio… han quedado en la más absoluta impunidad ya que no existe al menos un criminal judicializado por estos hechos”. El gobierno ha sido informado cuando han existido amenazas, pero toso sigue igual. Aseguran los indígenas a través de su organización que “la mayor parte de los genocidios han sido denunciado ante los organismos de Control del Estado y ante la dirección de etnias, mediante oficio sin respuesta… el gobernador indígena, Raúl Mendoza, fue asesinado el domingo 28 de septiembre, sin ningún tipo de protección del Estado. Él se debe suma a otros siete indígenas, dirigentes y jóvenes, asesinados en los últimos ocho días”.
La Onic, nunca olvidará como en un Consejo Comunal en Popayán, “El Presidente de la República, en abierta apología del delito incita a vulnerar los derechos constitucionales de los ciudadanos colombianos a la libre asociación; donde además criminalizo nuestras organizaciones y luchas; tildando de delincuentes a nuestras autoridades indígenas, que también son autoridades públicas de carácter especial y ofreció públicamente recompensa para quienes las denunciaran y ayudaran con su captura, convirtiéndose el garante de nuestros derechos en el instigador de delitos…” los indígenas preguntan: ¿Estos mas de cerca de 1200 crímenes contra indígenas es el fruto de la política de criminalización y oferta de recompensas por autoridades indígenas ofrecidas por el señor Presidente? “Lo hemos dicho y denunciado una y otra vez, pero el Estado no tiene oídos para nosotros”. Los nativos que sobreviven anunciaron que “¡Octubre será el mes de nuestras protestas sociales y movilizaciones para defender nuestras vidas, territorios y derechos!”.
Los temas aquí expuestos y que corresponden solo a una parte de todo un compendio de horror, persecución y sangre contra los indígenas, justifican plenamente que la Corte Internacional de Justicia intervenga a plenitud. Los responsables: el Estado, narcotraficantes, los parapolíticos, paramilitares y guerrilleros tienen que ser frenados antes de la hecatombe final hacia donde van impulsados. Es tema que llama a meditar y a pesar que Colombia no puede ser un país tan salvaje e insensato como el que los aborígenes lo narran. De los gobernantes que aman perpetuarse en el poder, lo dice la historia en mil pasajes, hay que esperar todo con tal impedir ser reemplazados. Ellos no saben qué es justicia porque son engendros de la injusticia.

