Es muy “jodido” creerle
Escuche por la televisión una frase verdaderamente sabia del presidente Álvaro Uribe. La pronunció frente a un grupo de periodistas. “La prudencia del presidente es una necesidad del pueblo colombiano”. Sin tratar de subir a nadie a ningún pedestal, Platón, el filósofo griego de l antigüedad de quedó corto. Todo lo que el dijo y que esta consignado en muchos tomos, relativos a la sabiduría frente al comportamiento humano, son basura ante el decálogo de palabras pronunciado por el mandatario Colombiano en su visita a los Estados Unidos este viernes. No todo ha de ser critica, cuando las cosas merecen ser destacadas por su valor, tampoco tenemos miedo de hacerlo.
Hasta el momento habíamos conocido un Álvaro Uribe imprudente al máximo y con inclinaciones muy notorias a la mentira y la afirmación sin fundamentos impulsado por sus elucubraciones e ira, de la que en muchas ocasiones había dicho no tener capacidad de sobreponerse. Él, sus ministros y políticos del uribismo cuando se daban cuenta que había “metido la pata” salían a justificar las impudencias y el abuso oral para tratar de convencer al pueblo colombiano que “el actuar irreflexivo e impudente del mandatario era una necesidad para la Patria”. Pueda ser que lo dicho en Estados Unidos también sea válido dentro de la geografía nacional.
El blanco favorito de l a imprudencia del señor presidente Uribe para descargar su alocada exacerbación que desde que asumió lo ataca, han sido los dirigentes del Partido Liberal, de Polo Democrático, la Corte Suprema de Justicia y en otras ocasiones la corte Constitucional como las que más han recibido andanadas de impudencia presidencial. Si fuera el presidente solo, sería cosa de pasar por alto, pero el problema se está extendiendo a otros sectores de nuestra nacionalidad. La lección, muchas veces repetida por el presidente al actuar con impudencia, altanería e irresponsabilidad irreflexiva, muchos la han aprendido y la ponen diariamente en práctica en establecimientos educativos y la política de nivel medio y bajo.
La prudencia para actuar y hablar parecía que estuviera llegando a su final en Colombia. He escuchados, en los últimos días, funcionarios y ministros quienes en forma imprudente afirman que la gasolina subirá más, no por el ritmo ascendente sin fin que desde hace rato le tiene el gobierno, sino porque los corteros de caña de azúcar tienen una protesta para reclamar mejores salarios. He oído por radio y televisión a ministros impudentes quienes amenazan a los jueces y fiscales con declararlos ilegales y negarles los salarios porque están haciendo una huelga. Impudentemente buscar infundir en la opinión pública que la huelga no es un derecho constitucional sino un crimen, pero, esconden que han huelga porque el gobierno no actúa con equidad y equilibrio.
Hay que investigar muy detenidamente que le dieron este sábado de desayuno a don Álvaro Uribe en Washington y decirle al cocinero, perdón, el chef, que todos los días prepara el alimento para el presidente, sus ministros y dirigentes políticos uribistas y les den todos los días lo mismo. Urge buscar al científico Patarroyo para ver si es posible, basado en los contenidos de ese desayuno, para que se invente una vacuna con la cual se inyecte y se protejan los organismos de los colombianos de la “impudencia”. No es cosa mía, es la sabiduría presidencial que reconoce en ese comportamiento “necesidad del pueblo colombiano”. Imprudencia según el diccionario de mi computadora es: irreflexión, ligereza, precipitación, imprevisión, impremeditación, descuido, entre otras.
¿Será que esas cosas que dijo Uribe en la capital de los Estados Unidos serán afirmaciones sinceras o simplemente palabras para que los medios de comunicación lo muestren como lo que no es ni quiere ser? ¡Que bueno sería tener al menos por lo menos en los meses que faltan de su gobierno, un Álvaro Uribe, sensato, juicioso, prudente, cuerdo, reflexivo, maduro, prudente, sesudo y atinado cuando habla de quienes no piensan lo mismo que él! A la gente hay que creerle, afirma el dicho, pero la verdad es que son tantas imprudencias y desatinos que, es muy jodido creerle.






