¡Qué pena, no le podemos ayudar!
Después de que los calificó de deshonestos, inoperantes, ignorantes e incapaces y que exclamó, ¿Cuál justicia en Colombia?, el presidente Álvaro Uribe, le dijo a los jueces y magistrados en la ciudad de Cali "Ayúdenos ustedes, con su análisis y conocimiento…”. ¿Desfachatez? Al mandatario solo le preocupa que les ofreciera a los colombianos una reforma judicial y que no la vaya poder hacer. Las reformas no le interesan en sí, le asusta “fallarle a la opinión pública”, quedar como un zapato viejo. ¡No es más!
Las altas cortes hasta el momento no han mostrado ningún interés en participar en el análisis y estudio de la reforma. Por el contrario, tienen la opinión de que simplemente el presidente busca “debilitar el poder judicial”. Consumar una venganza por el atrevimiento de investigar sus amigos involucrados en la “parapolitica”. Pregunta: ¿Es justo que después de tanto agravio a la justicia colombiana, (cortes, jueces y fiscales), Uribe tenga la grosería y les pida ayuda, a los jueces y magistrados, para no quedar mal?
La posición del Poder Judicial ha sido clara. Corte Constitucional propuso y fue aceptada la unión de la rama judicial para hacerle frente a la reforma. Entre otros porque la consideran una “reforma improvisada”. Han anunciado que no participaran de su estudio porque no obedece a una real necesidad del país. Creen en la existencia de un trasfondo perverso. Inicialmente Uribe habló de la doble instancia como fundamento de la reforma y ahora hay anuncios de retirar lo relativo a la doble instancia. ¿Está jugando a quite y pongo?
Los magistrados, los jueces y fiscales tienen heridas graves en su dignidad institucional, profesional y personal que les impedirá trabajar como amanuenses de Uribe en el estudio de la reforma judicial. Los magistrados creen que “la independencia se ha visto seriamente amenazada por los constantes y ligeros ataques de un sector del gobierno contra de las determinaciones que adopta la corte Suprema”. Los embates contra de la Corte Suprema desde el Gobierno para desacreditarla y deslegitimar las investigaciones suyas no se olvidan de un momento para otro.
A Uribe le faltó y le sigue fallando la inteligencia en alto grado. Le irracionalidad y la ira han primado sobre la serenidad y aplomo. ¿Quién luego de haber sido agredido, que tenga una migaja de respeto por si y su trabajo, va a estar dispuesto a “ayudar” al agresor para que “quede bien ante la opinión pública”? Para la endeble “reforma judicial” los dos grandes enemigos han sido la amistad con los “parapolíticos” y la lengua presidencial. El no tener capacidad de “contenerse” cuando le dan los irrespetuosos ataques de exacerbación y violencia verbal contra quienes lo contradicen o piensan diferente, solo consigue posiciones contrarias. ¡Que pena, señor presidente, no le podemos ayudar!: Los Magistrados.

