¿Prédica sin práctica no vale?
¿Quién que viva en un país demócrata no se identifica con criterios como expresados recientemente por el Presidente Álvaro Uribe? “Los temas se deben examinar en un debate con argumentos... Esto no es de tirar dardos a distancia, es de hablar los temas con toda claridad... en lugar de calificar y descalificar, en lugar de andar en esa actitud incomprensible, debería dar los argumentos… puede haber respeto a la independencia y al mismo tiempo debate… ha evitado el diálogo franco y directo…” Extraordinario si quien predica los practicara, pero no es así. Basta que un periodista le haga una pregunta sobre un tema de la actualidad nacional, para que explote y trate de humillar y aplastar al comunicador que quiere saber algo de boca del presidente.
La enseñanza de Uribe indudablemente es buena, pero la practicara seria mejor. El ejemplo que da el presidente a las juventudes en donde califica y descalifica sin argumentos, fundado en consejas, en un actitud incomprensible como sindicar lanzando dardos a la distancia y pero no denunciándolo penalmente, no es más que una faena para sembrar desconcierto y entronizar el odio entre colombianos. “¿No será el fruto de este ejemplo, por el que los estudiantes de muchos del colegio del país se sienten autorizados para atacar a sus compañeros impunemente? En Colombia falta mucha claridad, sinceridad y ética. Para que sus gobernantes respondan por sus acciones. No es correcto desconocer al contrincante y tratar de aplastarlo porque piensa diferente.
Es ridículo creer que después de una cascada se insinuaciones sin fundamento y sin respeto por la dignidad ajena, contra personas o colectividades, sus víctimas se sientan muy cómodos. Uribe, nuestro presidente, lamentablemente no sabe dialogar, no tiene ni la más remota idea de lo que puede ser un diálogo. El solamente sabe dar órdenes y enfurecerse cuando alguien le lleva la contraria o no le obdecen a ojos cerrado. Si a Uribe le fuera permitido, de mil amores andaría con un látigo en la mano como elemento fundamental de su “diálogo eficaz”. Uribe como él mismo lo asegura no es capaz de contenerse y con una persona así, es imposible dialogar.
La sabiduría popular señala que “es imposible atravesar la vida sin que algo salga mal o se presente un desamor”. Al mandatario su enfermedad sicológica lo lleva a creer que para él eso no cuenta y que él es más que los demás, inclusive, se imagina estar por encima de Dios Creador del Universo. Patética la afirmación que hizo el ex procurador Gómez Méndez, “al presidente le está pasando lo del Gato Michín, -al que se meta con migo, en el acto morirá-”. Indudablemente que el consejo de Uribe es bueno, pero debe comenzar a ponerse en práctica en sus acciones y sus discursos para que Colombia entienda qué busca ¿Prédicas sin práctica no tienen valor?
