La limpieza del congreso
Comenzó a registrarse el fenómeno que más aterroriza al gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Perder las mayorías absolutas, obedientes y silenciosas en el Congreso para tomar determinaciones de donde, como, cuando se les daba la gana, para verse obligado a admitir que la opinión de los sectores políticos diferentes al uribismo, también están en capacidad de pensar y participar en la toma de decisiones nacionales. El primer caso práctico es el de la “Reforma Política”. La coalición de gobierno, guiada rígidamente desde la casa de Nariño, sola y despreciando a los demás sectores de opinión, no podrá hacer absolutamente nada. La “parapolitica”, el más grave y vergonzoso espectáculo que haya tenido el país en toda su historia, se encargó de deteriorar el absolutismo del gobierno que ellos mismos contribuyeron a crear y consolidar.
El volumen de senadores y representantes sentenciados, encarcelados y en investigación, en su inmensa mayoría es afecto al gobierno. Otros que aun permanecen en capitolio por circunstancias afines al problema se han declarado impedidos de tomar parte en la reforma política. De esa forma la merma es visible y real. Solo si el Partido Liberal vota positivamente, será posible avanzar. Los liberales habían dicho “si” y luego de discusiones y análisis entre ellos habían llegado a un acuerdo, pero gracias a que el gobierno obligó a los uribistas a cambiar los términos pactados, los liberales dijeron “así no le jalamos”. Vuelve y se presenta el gran problema del intervencionismo del ejecutivo en los otros poderes del Estado para castrarles la autonomía, el derecho a pensar y guiarlos imperativamente en lo que al parecer de unos pocos funcionarios tienen que hacer.
Más grave, como si los congresistas uribistas y los de la oposición fueran limitados mentales, el presidente ordenó crear una “Comisión de Reajuste Institucional”, integrada por un minimo de personas, íntimas del presidente, quienes tendrán por encargo acomodar la constitución a un solo criterio. En otras palabras, nadie tendrá derecho a opinar porque la comisión será omnipotente y teóricamente infalible. La propuesta de trastear congresistas uribistas de comisión en comisión para mantener las mayorías, no tuvo fundamento legal, por lo que definitivamente si se quiere hacer “Reforma Política” tendrá que discutirse entre “todos” no con el necedad de unos pocos. Los liberales no se niegan, pero los uribistas tendrán que desechar lo ordenado por el presidente y retornando a los acuerdos de antes. En otras palabras, los liberales votan positivamente si la reforma la hacen los parlamentarios con sus propios independencia, criterios y teorías, como lo establece la normatividad constitucional.
Los liberales señalaron que lo ordenado por Uribe, “ni fortalece al Congreso, ni sanciona la parapolítica… Es una reforma inocua. El contenido normativo es complaciente y no sancionatorio del mal que enfrentamos… Busca que no moleste ni afecte a nadie… Una reforma así nunca nos va a permitir recuperar la confianza de la ciudadanía…” Sin pretender estar por encima de Dios y del demonio, la única verdad en torno a la reforma política y la limpieza del congreso, es que “El aseo se hace barriendo y sacando el mugre, no escondiéndolo debajo de la alfombra".






