El servilismo en su más alto nivel
El más alto nivel de degradación y negación a la razón de existir de las asambleas y los concejos municipales está en la inmoral y poco dignificante integración de lo que se ha dado por llamar la “coalición mayoritaria” que castra toda posibilidad de realizar control politico al ejecutivo.
En segunda instancia la aprobación de la ya famosa ordenanza o acuerdo, mediante el cual se autoriza por todo el tiempo del período al gobernador o a los alcaldes a contratar, vender, comprar, liquidar, reformar, manejar la nómina, presupuestos, en fin, hacer unilateralmente lo que se le venga en gana sin tener necesidad de contar con diputados y concejales para nada.
Entregan sus funciones en un arrebato incomprensible de alagar al ejecutivo y así en el futuro inmediato ser más apreciado y conseguir mejores gabelas y contratos.
A nivel departamental se viene presentando este fenómeno desde que accedió a la gobernación del departamento Mario Camacho, luego Miguel Arenas, seguido de Jorge Gómez Villamizar.
El gobernador saliente, Hugo Aguilar Naranjo, en declaraciones a los medios de comunicación dijo que él no estimularía en su administración ninguna coalición de gobierno y que respetaría la autonomía de la asamblea y sus diputados.
Aseguró que durante su gobierno no intervendría y mucho menos orientaría las actividades de la Asamblea. Algunos sectores políticos celebraron la determinación, porque iba as romper una acción que se estaba convirtiendo en costumbre y que atentaba contra la democracia.
Pocas semanas después, la oferta voló en trizas y la coalición fue más carrada y servil parta los diputados. El control político de que habla la Constitución Nacional desapareció por completo y fueron comprados con nombramientos en puestos públicos y contratos para amigos y familiares a muchos diputados de otros partidos, como en el caso de Luis José Arenas Prada.
Este personaje se hizo elegir por el partido liberal y una vez posesionado se alinderó en las filas de aquellos que a toda costa trataban de destruirlo.
En el gobierno que llega a su fin no les permitieron a los diputados de la coalición mayoritaria o minoritaria cumplir con su función constitucional de ejercer control politico. Quienes pretendieron hacerlo eran señalados como enemigos del Departamento y arrinconados.
Finalmente y dentro del grotesco y servil comportamiento de la diputación está el nombramiento de Contralor. Durante gobiernos antes aludidos fueron nombrados los jefes de control y vigilancia, no pensando en los intereses del departamento y de sus gentes, sino acatando las órdenes de los gobernadores.
El gobernador decía quién lo debía vigilar y los diputados obedecían sin chistar o no les nombraban a nadie en la Contraloría. Así desfilaron personajes cuya función básica fue “tapar”.
Las investigaciones de la contraloría en otras épocas famosas por la defensa que se hacía de los intereses departamentales, desaparecieron por completo. Se entronizó la mudez, la sordera y la ceguera. La castración mental y el servilismo de diputados y concejales llegaron a su más alto grado. ¿Continuará?

