Juego de palabras
Álvaro Uribe dijo ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que en “Colombia no hay paramilitarismo”. El mandatario negó enfáticamente que siga existiendo en el país bandas criminales de paramilitares. Aseguró que “El término paramilitar se acuñó para denominar a organizaciones privadas criminales cuyo fin era combatir a la guerrilla y hoy el único que combate a la guerrilla es el Estado”. Hasta ahí Uribe podría estar diciendo verdades pero a medias porque desecha que el paramilitarismo una vez conocieron el narcotráfico como fuente de ingresos abandonó de plano sus propósitos iniciales y se dedicó a esta actividad condenada internacionalmente.
Es el mismo fenómeno de las guerrillas, en donde una vez se dieron cuenta del río de dólares que producía el narcotráfico olvidaron la revolución que pretendía mejoras para las clases menos favorecidas y llevaron el conflicto interno de Colombia al más impresionante nivel de degradación al utilizar la vida y la libertad de los colombianos (clase popular) como moneda para comerciar. Porque esto haya sucedido, no es dable señalar que en Colombia no hay guerrilla.
Esta negativa de Uribe ante los organismos internacionales como la OEA tiene mucha similitud con la renuente negativa a decir que “en Colombia no hay conflicto interno”. El propio Fiscal General de la Nación ha reconocido la existencia del grave y degradado conflicto colombiano. Los medios de comunicación y las ONGs no dudan en hablar sin temores del conflicto interno de la Patria de Uribe. Los grupos paramilitares siguen vivos manejados desde las cárceles, conforme lo ha señalado el mismo gobierno, pero dedicados preferentemente al narcotráfico y a intimidar e impedir que sus victimas reclamen sus derechos según lo establece la ley de Justicia y Paz.
48 horas después de la afirmación del Presidente en Nueva York aparece la noticia “El gobierno reconoció que 315 víctimas del paramilitarismo que intervienen en el proceso de Justicia y Paz han recibido amenazas… Las medidas adoptadas en materia de protección a las víctimas se debe a la presión internacional… los riesgos más graves están en 62 municipios, principalmente de Córdoba, Magdalena, Sucre, Cesar y Casanare… los casos más graves se viven en Tierralta y Valencia (Córdoba) y en Aguachica (Cesar)”. (Esta información hace relación a lo reconocido por el gobierno porque hay muchos más negados o desechados)
¿Eso será lo que llaman pretender tapar el sol con la mano? ¿Si en Colombia no hay paramilitares ni hay conflicto interno porque se ven las cosas que se ven y la gente vive en ese estado de zozobra? ¿Cabrá aquí el adagio popular de que “brujas no existen, pero que las hay…las hay”? ¡Que bobería tratar de solucionar los problemas más graves y dolorosos del país con juego de palabras!






