La democracia es participación.
Extraña que haya altos funcionarios que se asusten y hasta traten de dar el grito al cielo porque los gremios y sectores de opinión buscan camino para discutir y exponer ideas. El Ministro de Hacienda es uno de esos ejemplos que no lucen dentro del sistema político que rige a Colombia. Ha llamado las iniciativas no gubernamentales como “aguacero de propuestas” aplicándole a la frase un tono bastante salpicado de desprecio.
Lo único verídico es que le tocará que ceder en su arrogancia y prepotencia, admitiendo que muchos criterios expresados por la mayor parte de los sectores gremiales, laborales, académicos, culturales y políticos del país sobre el proyecto de la reforma tributaria tienen más fundamento que la propuesta oficial. De la amenaza de la semana, anterior si no le aprobaban sus ideas, ha pasado a dar declaraciones en el sentido de que “…el gobierno considerará, tendrá en algunos casos en cuenta y responderá en su debido momento…”
Los parlamentarios, incluidos quienes trabajaron para la reelección del Presidente, Álvaro Uribe, han expresado reiteradamente que no van a comer entero ni aprobarán el presupuesto nacional a las carreras. Buen número de ellos no se identifican con que la mayor parte de los recursos a presupuestar se vayan en “funcionamiento” y han reclamado aumento sustancial y claridad meridiana en los rubros de inversión social.
El infalible ministro, (para él, porque para los demás colombianos no), ha dando un giro y abrir la posibilidad de que se mantengan algunos beneficios fiscales, se modifique el tributo bancario del cuatro por mil, quitarle el Iva a productos de la canasta familiar, etc. La nueva situación podría ser un paso importante en la auténtica participación ciudadana.
El trabajo parlamentario por bancadas, que impide “comprar” parlamentarios para hacer mayorías momentáneas basas en puestos y contratos, parece que estará dejando buenos resultados a Colombia. Ya no es llegar a amenazar y a intimidar, será a estudiar, exponer y aceptar criterios. Muchas cabezas piensan más que una.






