Una evolución lógica
No cabe la menor duda de que entre más violentos se muestren las guerrillas de las FARC, el presidente, Álvaro Uribe, con su política de mano fuerte tendrá más apoyo popular en todos los sectores desde el estrato seis hasta el uno y de lo urbano al rural. Por cada carro bomba, cuartel de policía bombardeado, erradicador de coca muerto, la popularidad del presidente subirá en el termómetro de la opinión pública y los protagonistas del terrorismo estarán un año luz más lejos de la posibilidad de que su “revolución” triunfe.
Una verdad irrefutable y evidente que los violentos no han querido entender, es que la gente de hoy es totalmente diferente a la de hace 42 años. Muchos factores han incidió en ese cambio, uno: el comportamiento de los guerrilleros de violar en forma cínica e irresponsable todos los derechos nacionales e internacionalmente a que tienen como seres humanos. El cambio que tuvo con la transición al narcotráfico, que dicho sea de paso, les dio mucho dinero pero no popularidad ni confianza entre las gentes.
Los actos terroristas, crueles e inhumanos de la guerrilla (narcotráfico, secuestro, genocidios, violación sistemática de los derechos humanos, muerte masiva de civiles, etc.), han presionado en la última década de su existencia el mejoramiento humano, técnico, investigativo de los organismos de seguridad del Estado Colombiano. La cantidad, profesionalización, presupuestos, armas, sistemas y equipo que hoy usan el ejercito, la policía, el Das y CTI son verdaderamente fabulosos. Hay personas quienes aseguran que estoy ha sido lo único bueno que ha conseguido la guerrilla para el país.
“Para la guerra con nosotros y nosotras no cuenten”, publicitó el lema del 4 Encuentro Interétnico de Jóvenes de Guarne, realizado por estos días. Ese pensamiento entre los muchachos no es extraño y es fácil de detectar en las universidades y colegios. El desprecio por la guerrilla unida al terrorismo y el narcotráfico, a no dudarlo, va rumbo a ser total e irreversible.

