Los corruptos y el sacerdote
Los medios de comunicación de Santander y el país hicieron un enfoque muy superficial sobre la renuncia del sacerdote Fabio Osorio, de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Bucaramanga. La verdadera causa y la que más pesó para la toma de la determinación escasamente la señalaron. Todo lo centraron en que tenía esposa y una hija y que esperaba la dispensa del Papa.
Pero la verdad es que el sacerdote renunció por temor a perder su vida, a ser asesinado. Como director de la Pastoral Social estaba inmerso en la búsqueda de soluciones para centenares de familias que lo perdieron todo por la avalancha del Río de Oro en Girón y Bucaramanga en febrero del 2005 y así detecto graves actos de corrupción que estaba denunciando.
Este hombre de 38 años de edad se había convertido en el defensor numero uno de los damnificados para quienes el Presidente de la República, el Departamento de Santander y los municipios respectivos junto a la empresa privada, giraron altas sumas de dinero para construirles sus viviendas, las que nunca han llegado. “Esas gentes viven peor hoy que el día de la tragedia”.
Las constantes y agresivas amenazas contra él y su familia hechas a través de emisarios y llamadas telefónicas, fueron la auténtica motivación su renuncia. Los hostigamientos protagonizados por desconocidos hacían énfasis, que “no volviera hablar sobre los hechos de corrupción” en el proceso de reconstrucción de las zonas devastadas por el invierno en el mes de febrero de 2005 en Bucaramanga y Girón o lo matarían.
Nadie olvida como el Presidente estuvo en Bucaramanga pocos días después de la tragedia con varios ministros, nombró gerente para administrar los fondos ofrecidos y se fue. Pocos meses después ese gerente salió corriendo por las muchas situaciones que lo rodearon y todo cayó en el silencio, quedó la solitaria voz del sacerdote dimitente. ¿Siendo tan puntual y limitada la situación, será difícil detectar a los corruptos? ¿Quedarán los deshonestos pelechando a sus anchas?

