No tienen remedio, son cínicos y deshonestos...
¿Cuándo será que Colombia tenga un congreso, Cámara y Senado, que sea un ejemplo para las nuevas generaciones nacionales y de la humanidad, en don de sus acciones sean todas para aplaudir y no para avergonzar al país. Hace pocos días vimos publicada una noticia titulada “Fraude electoral del Senado sería de un millón de votos”. Igualmente que el 50% de los elegidos a la Cámara de Representantes estaban demandados por una infinidad de irregularidades.
El irrespeto a la ley es tanto que hasta hacen construcciones sin tener en cuenta las leyes que ellos mismos aprobaron y que se presume son de obligatorio cumplimiento. “El túnel que construye el Congreso de la República, entre el Capitolio Nacional y el edificio donde funcionan las oficinas privadas de los legisladores, no tiene autorización de una curaduría urbana”, (ley 388). La verdad es que decepciona y hace que ese manto de humo que siempre ha existido en torno al congreso y sus actuaciones, siga intacto.
El comportamiento personal frente a los proyectos de leyes que les llevan para ser aprobadas o improbadas, “según el sabio y recto criterio” de los “Padres de la Patria” no se ajusta al deseo de los colombianos. La reforma a la Ley 100 fracasó porque según publicaciones de todos los medios de comunicación nacional, las ARS que disfrutan el capital público para la salud en su beneficio, lo impidieron, gracias a sus “generosidades con quienes debían votar”.
Será verdad acaso la afirmación de un anciano, que por allá en los años 60, fue representante a la Cámara por Santander con lujo de competencia y dignidad, cuando asegura: “Sucede que quienes se hacen elegir ahora lo logran a base de trampas, dinero y otras cosas vergonzosas y denigrantes, no van al Congreso a ‘servirle a Colombia’, lo hacen solo con el propósito de ‘Servirse de Colombia en beneficio propio’. La otra es que ‘no respetan ética ni moral’, son el sumo de la degradación a que ha llegado el país”. Aquí hablo de uribistas y no uribistas.
