Un puerto que perdió el río
Lo que queda del Río Magdalena, un torrente de no más de un metro de profundidad, viene alejándose desde hace 30 años del muelle en cercanías de Barrancabermeja. Ahora, según las publicaciones de prensa, Vanguardia Liberal y El Tiempo, el canal por el cual van las aguas y el muelle hay dos kilómetros de distancia. Lo peor de todo está en que los técnicos pronostican que va a ser imposible el retorno a su antiguo canal, taponado de arena y otros materiales. La ciudad petrolera, tiene más playa que cualquier población de la Costa Atlántica, curioso pero real.
En una de las últimas publicaciones se comienza a reconocerse que el problema inicial tuvo, como casi siempre que suceden situaciones de este genero, origen humano. Los habitantes de Barrancabermeja no respetaron la naturaleza. “Esas islas las hicimos los barranqueños para que el río no golpeara tan fuerte porque amenazaba con derrumbar el hotel Pipatón”, declaró el director ejecutivo de la Cámara de Comercio, Darío Echeverry Serrano
Otro testimonio es el historiador Arnulfo López quien afirma que hace un tiempo atrás hubo un argumento de más peso: “Se decía que Barrancabermeja iba a ser atacada por la guerrilla en lanchas y por eso con una draga se hizo esa muralla de arena”. Otro criterio real señala que “Es utópico pensar que el río vuelva a Barrancabermeja porque dejaron avanzar mucho la sedimentación…”
Pero, ¿deben los baranqueños o barramejos, santandereanos y colombianos sentarse en una perezosa frente a su casa a rememorar las épocas pasadas, contárselas a sus nietos y dejar las cosas como están? ¿No será que de un momento para otro, como sucedió en Girón y Bucaramanga con el Río de Oro, el río decida volver por su viejo cause perdido arrasando todo lo que encuentre en su camino y alrededores?
Las venganzas de las aguas suelen ser fatales. En cualquier momento el río dice “esto es mío” y nadie podrá detenerlo. Los ejemplos son por miles y el Río Magdalena no tiene porque ser la excepción.

