Democracia y libertad de prensa
Se les pone carrasposa la voz a algunos funcionarios del gobierno de tanto repetir lo mismo. Respeto a la libertad de prensa y imperativa necesidad de participación ciudadana a través de las veedurías y los medios, denunciando lo que crean es sospechoso de dolo. Eso, en forma virtual para dar cierta apariencia de apego a la ley y la Constitución porque cuando se hace uso real de esas libertades y mandatos constitucionales, lo menos que reciben los demandantes es una reprimenda presidencial o ministerial si no el inicio de un acoso e intimidación judicial por atreverse a “denunciar”.
Para Álvaro Uribe toda denuncia es buena si acusa a sus rivales, pero peligrosa para las instituciones, la democracia y el buen nombre de Colombia cuando incluye funcionarios nacionales. El mandatario, como están las cosas, está poniendo en peligro la libertad de prensa y de expresión, además de actuar irracionalmente cuando pretende que los medios no pueden hacer denuncias mientras no se haya fallo judicial. Si así fuera, no habría investigaciones y no habría sino corrupción. Los medios no están juzgando están mostrándole dónde deben proceder.
Cuando el presidente candidato y el ministro del interior arremeten verbalmente usando su investidura, ofenden y amenazan con demandas a los periodistas por las denuncias sobre eventuales irregularidades en el DAS, Incoder y Finagro, etc., están hiriendo a la Patria y poniendo la débil e incipiente democracia criolla por el suelo ante el ámbito internacional, además de que le están buscando esguinces al cumplimiento de la Constitución.
Los periodistas denunciaron, dieron algunos cabos para atar y son las autoridades judiciales quienes deben investigar libremente, no presionadas por el presidente y sus ministros con actitudes intimidatorias, intolerantes y autoritarias. Hay que esperar para saber si son inocentes o culpables y luego si gritar como pretenden hacerlo ahora contra los denunciantes y pretendiendo guiar las investigaciones.

