¿Y, los niños pobres de Colombia, qué?
Las autoridades colombinas se rasgan las vestiduras y dan grito al cielo para tratar de convencer al ciudadano de su dedicación a la niñez, pero su decidía y no muy sanas acciones no permiten que la gente les crea. Los recursos que por mandato constitucional deben ser dedicados a la niñez, están sido desviados a áreas que nada tienen que ver con su ubicación presupuestal.
Lo peor de todo es que las cosas suceden y, parte sin novedad. Si este abuso hubiera sido consumado por un gobernador o un alcalde, estaría en la cárcel. ¿Será que hay alguna norma exonerando al presidente y sus ministros? ¿Será el fruto de tener una mayoría política servil y atenta al “cómo voy yo” sin importar el resto?
El vicepresidente de la República, dijo que muchos recursos destinados a la niñez “fueron utilidades para cubrir el déficit fiscal”. Según él fue una decisión que debió adoptar el gobierno ante la necesidad de cubrir los requerimientos de la deuda. En otras palabras, primero los negocios y luego las necesidades los niños, los dueños constitucionales de los recursos desviados.
Hasta la fecha el gobierno ha desviado para la cobertura del déficit fiscal, producido por la inoficiosa burocracia, gastos suntuosos del presidente y sus ministros, etc., unos 480 mil millones de pesos. Se trata de recursos procedentes de aportes parafiscales que hacen los contribuyentes al Instituto de Bienestar Familiar.
Son dineros que pagaron los trabajadores, empresarios y los colombianos con destinación específica. Esos recursos, que deben sostener y ejecutar programas para beneficiar a los niños pobres del país cuya cantidad pasa de 20 millones, “están invertidos en Títulos de Tesorería produciendo intereses…”
La suerte que nos espera va a ser peor; no es más que acaparen todo el espectro político y de ahí en adelante podrán hacer lo que les de la gana porque desaparecerá el control, la vigilancia, la democracia, etc. Solo serán válidos los intereses económicos de unos pocos y el silencio.



