La FARC, patea los Derechos Humanos
El historial de respeto y acatamiento de los Derechos humanos por parte de las FARC sigue siendo deprimente. En Colombia hay tiranía y esa es ejercida el secretariado en su nueva meta rumbo a convertirse en los primeros productores y exportadores de cocaína en el mundo. El término “revolución” es utilizado como fachada con que pretenden justificar la brutalidad, deshumanización y represión que nunca tuvieron los colombianos ni en las peores épocas de barbarie política.

El tráfico de personas, el uso de niños para traficar y matar, secuestros indiscriminados, las violaciones sexuales, tortura, ejecución, asesinatos a mansalva, desplazamiento forzada de ciudadanos, crueles ataques a las minorías étnicas, hostigamiento a los transportadores y holocausto de inocentes viajeros y políticos municipales para pretender intimidar a las gentes del común, desplazamientos masivos, son parte de las violaciones de los derechos humanos por las FARC.
El tratamientos degradante que dan a los secuestrados, a los que usan como elemento para comercializar, los ataque constante a la dignidad humana y las libertades básicas de campesinos, obreros, estudiantes, etc., la burla los llamados internacionales para que respete las libertades fundamentales de los colombianos, el asolamiento indiscriminado de las regiones donde sus víctimas son todas civiles y ese sinfín de crímenes de guerra, obligan a la repugnancia y el desprecio. El pobre historial violación de derechos humanos de las FARC muy dudosamente podrá ser superado.
“En Colombia continuaron las violaciones de los derechos humanos relacionadas con el conflicto armado interno que ya lleva 41 años”, dice en su informe la comisión respectiva en su informa internacional. La impunidad es la nota sobresaliente. Muy pocos crímenes han sido pagados ante la sociedad por sus autores materiales e intelectuales. Nunca antes pudo haber tanto daño criminal contra la humanidad en Colombia, como el programado y ejecutado por los desalmados carniceros de las FARC.






