¿Será un congreso más sucio?
En el proceso que vive Colombia para escoger nuevo congreso hay situaciones muy confusas. La primera de ellas la influencia de los paramilitares en determinados partidos, particularmente los que acompañan al gobierno. Hasta ahora según los entendidos solo se ha visto la punta del iceberg, lo grande esta bajo el agua.

Las salidas en falso del gobierno con acusaciones sin pruebas contra quienes no comparten su gestión dejan un ambiente de duda y de violencia oficial para cerrarle el paso a legítimas y constitucionales aspiraciones partidistas.
El Gobierno reconoce que en algunas regiones del país hay una nueva modalidad de corrupción política que denominó "compra de candidatos". Los compran no con el interés de que la persona salga elegida sino para que aglutine votos y no perder la personería jurídica para actuar como partido. Esos delincuentes electorales recorren el país libremente para poner en cada ciudad un candidato.
Teóricamente para atender estas situaciones crearon un comité cuya finalidad es recepcionar y estudiar la denuncia de delitos electorales, presidido por el Fiscal General de la Nación, pero todos sabemos en el país que eso no funciona si está metido el ejecutivo. Como es creado por el gobierno actúan sesgadamente.
El Ministro del Interior dijo que él sabe sobre la compra de candidatos y que algunos partidos le ofrecen dinero a aspirantes o a directivos de otros partidos para que se pasen a otra colectividad. "Son organizaciones perversas y se presentan especialmente en la Costa Atlántica, Santander, Norte de Santander y en otras regiones”. ¿Qué ha hecho?
Sobre el paramilitarismo en algunas corrientes políticas de tendencia gobiernistas siempre evaden el tema. No existe una posición seria y enérgica para combatir esa situación que muchos llaman “asquerosa”. Los grupos ajemos al uribismo, siguen haciendo denuncias públicas con nombres propios, pero todo sigue igual.
Da pena decirlo, pero, los candidatos no son los mejores colombianos

